Carlos Fernández zaras Etty, era yo, un escuálido vendedor de cerezas en la calle Rivadavia. Normalmente me levantaba a las 02:06 A.M. Para hervir unas hierbas para mi elefante Rodrigito, tenia 6 años desde que lo tengo en mis pertenencias. Tempranamente nos levantábamos y salíamos a mirar las partículas de aire que nos rozaban. Particularmente él siempre ganaba y me parecía raro porqué tenia una mirada de confundido y de nervioso. Lo deje pasar, Ese día pise caca.
Recordaba que siempre tenía un sueño raro, yo corría y una mosca me perseguía, lloraba en las cordilleras y nadie me salvaba. Pensé hacerme una cirugía en la pelvis y no funciono, el Dr. John GILMORE, me recomendó que por las noches me tome uno vaso de agua con unas gotas de aceltisteina. Unos días funciono, y luego de 3 días, el sueño volvió…La mosca me miraba y me decía “¿Qué miras?, ¿Sos puto?”. Amanecí con raíces de mandioca en mi boca.
Al poco tiempo me di cuenta que mi salario era demasiado poco para mi, cobraba por mes $52.75 y no me alcanzaba para mis caprichos económicos. Recorrí toda la pampa para encontrar solución y termine en chaco. Le dije a su Gobernador “¿Porqué los extraterrestres se roban nuestras vacas?, ¿También la aumentaron en la galaxia?”. Me tiraron al volcadero.
Al suceder eso, me di cuenta que no todo era fácil en el mundo de la brillantina y los bijouterie. Comencé a vender toallas en los Parques temáticos de la costa. Ganaba una diferencia distinta a la anterior, ganaba 5.92 centavos más, era bueno. Mi papá se había quemado con un incienso.
Una mañana me encontré una tapita de una botella de aceite “El patito carroñero”. Y me vino a la cabeza “Cómprate una Naranpol de naranja”. Me puse ebrio y me robaron.
Era tan grande la alegría que sentía que mis cordones se desataban solos y los marcos de las fotos se movían solos. Ese día fue perfecto. Todo marchaba con normalidad. Se me destiño la remera rosada de Pluto.
Consecuencias drásticas sucedían, apretaba un botón y se encendía algo, Yo silbaba y mi cotorrita también lo hacia, y de repente tuve un Flashbacks, Mi cabeza dijo “Los árboles de mi calle lloran, derraman su savia en la acera manchando con sus lágrimas a los transeúntes y dejando su pegajosa sangre en la acera. Una muerte lenta. ¿Será porque no llueve? ¿Será porque no hay elecciones este año y no toca fumigar?”. Al vecino se le tapo el inodoro.
Al trascurrir los días, me senté en la terraza de mi casa y me puse escuchar The Mothers Of Invention mientras afeitaba una ardilla, la cual miraba el periódico la sección de chismes. Carcajadas le salían de su boca. Esa tarde me caí de las escaleras.
Y llego mi amigo Constantino, el del buen tino. Me pregunto si quería que busquemos lombrices en las escaleras, me aterraba saber que el luego las comía. ¿El chayote se frita o se hierve?.
Todos me preguntaban “¿Tu eres Jesús?”. Y yo respondía, acertando, “Si lo soy ¿Por qué?. Se me prendió fuego el baño.
Constantemente solía ir al baño y me ponía a gritar “¿Por qué los mosquitos vuelan?”. Lagrimas de compasión brotaban de mis ojos, caía en un pozo de caca de tristeza. Al perro le agarro moquillo.
Poco tiempo después trabaje en un edificio, era el portero, había un peculiar hombre, anteojos grandes y mirada misteriosa. Comía ravioles en el baño. El hablaba en Ingles, y yo le mandaba sus cartas, esa tarde le envíe sus cartas, le dije “Aquí están las amenazas de muerte, las de tu madre y las amenaza de tu muerte de tu madre”. Sin pensarlo me hizo una señar rara y me dijo algo así “fakiu”.
Deje ese trabajo y preferí quedarme en casa con mi compañero Rodrigito. Con sus abrazos de pasión y sus volteretas en el sofá, escuchaba voces del más allá, pero las ignore para no sentirme loco, era el vecino que se quedo atrapado en la trampa para osos. Falleció de sobredosis de almidón.
Terminando con la historia, la muerte llego sin que la llamara, apareció un sobre debajo de mi puerta que decía “Mira, atrás tuyo ahí buffet arriba de la mesa.” Sin pensarlo me di vuelta, estaba ella, La muerte, estaba un poco gorda y no tenia ombligo. Jugamos al pong toda la noche. Perdí.
A la mañana siguiente me desperté muy contento sabiendo que la muerte había venido a casa, vi las cosas, la Play estaba como la deje anoche, y el baño estaba tapado. Comencé a extrañar la muerte, y decidí suicidarme, me tire del trigésimo noveno piso. Sobreviví. En el hospital me dijo el doctor “Ah re que no te moriste”.
Esta fue mi historia, les dejo una anécdota
“Si nunca comiste kiwi, jamás toques el televisor con papel higiénico o puede ser probable que tengas corticoides”.
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