
Tres de la mañana esperando que las arañas del techo se caigan, y escuchando las alegres risas de las moscas cuando el paisaje de mi habitación se torna uniforme. Escupitajos y risas del más allá, me hacen sentir que, no soy más que un moco pegado debajo del pupitre de la soledad. La tranquilidad que no tengo a nadie a mi lado y los barquitos de papel solo me dicen una cosa, “No siempre cuando discutís, conseguís lo que querés. Ó prácticamente sos un pelotudo discutiendo con otro al reverendo pedo”. Mis manos pueden explicar el sentido de la vida, llenas de cicatrices, costras y pelo. Papá siempre gritaba cuando iba al baño “El vecino se la come”, el siempre me cayó bien, ahora se viste de mujer.
Es imposible saber quien fue el primero en hacer gafas de sol, y los embaces de mostaza. La vida siempre fue oscura y picante. Nunca me gusto que me tocaran los hombros y los frasco de orina de camello, pero siempre venía el mocoso del vecino a pedirme azúcar, por la espalda. Hasta que un día le di una gran y muy bien merecida, colmada cucharada de sal. Para perder mi tiempo solía leer Mafalda, no me gustaban sus dibujos, pero si sus puntos y comas. Lagrimas me brotaban cada vez que percibía que acababa la escena. Mi infancia fue muy divertida y traumante, solía sentir sonidos extraños debajo de mi cama, y en el baño también, pero, sabía que era mi abuelo cuando iba a hacer caca. Pero solo recordaba que alguien me decía “Rodolfo, no te masturbes con la almohada, que la vas a dejar embarazada”, era una voz siniestra y muy profunda, como si saliera del corazón. Horas y horas le dedicaba a mi tamagotchi, tenía un patoratón, comía nueces y bosta de caballo diariamente. Pero un día lo deje en la mesa, y fui al baño a leer historietas, que trataba de un superhéroe llamado, El hombre tarugo y su fiel acompañante Marquito, que peleaban contra los trozos de basura que no son desechables, en la ciudad de Puente mugroso.
Y al regresar a buscar mi juguete, me di cuenta que no estaba, revise en cada parte de mi casa, hasta en la chimenea de barro, hasta que me fije debajo de mi cama, y allí estaba, pero cuando lo encendí tenía un punto negro, no le di importancia y me fui a jugar a la rayuela, con mi amigo invisible, Gaby. Unos meses después comencé a tener experiencias sobrenaturales, cuando se me caía el jabón al bañarme, al agacharme sentía la sensación de que tenía algo rugoso entre las nalgas, yo me quedaba agachado por horas, para entenderlo. Yo solía salir a vender herraduras, en la peatonal San Martín, hasta que me di cuenta que no me beneficiaba entonces me dedique a vender tapitas de detergente. Siguiendo con mis costumbres comencé a pensar en muchas cosas que sucedían en el mundo, como por ejemplo, ¿Quién puede comprobar que el rocío cae del cielo o es un robot gigante que rocía agua en la vereda de la gente para molestar?, preguntas muy coherentes me venían a la cabeza, preguntas que muchas veces no tienen respuestas, quizás por su dificultad para entenderlas o por el simple hecho de ser tan pelotudas que sólo yo entiendo. Más allá de lo que dicen “Eh, vieja” o “Yo nunca dije nunca”, cosas que pasan en la vida, solo los que tienen una universidad bien terminada, entienden quiere decir, “nogatongamegalosomanjarchafafridilofo” palabras de un sabio. Siempre me intrigo el inicio de la vida, ¿Por qué nos crearon?, ¿Quién fue? Y ¿Por qué? Saber quién fue el primero en decir “La profe de matemática es re puta”, o guarangadas así. Nunca nadie se sentó en el pórtico de sus casas a comer mandioca, y pensar por un segundo, si dejaríamos de usar el celular no abría sordera, también habría más felicidad si no nos enojáramos cada vez que se nos corta la Internet. Muchas veces trate de encontrar teorías en los diarios de las semanas pasadas.
Palabras de un amigo que solo le causa gracia algo que hace, y otro pregunta "¿Qué?" Y sin mediar pensamientos dice "¿Que no puedo reírme?" extrañas congelaciones de palabras que extrémese al mundo, cosas así me hacían sentir, inadecuadamente feliz, y a la vez confundido. Nunca encontraba respuestas para mis preguntas, nunca nadie se me acerco y me dijo “Loco, tenés que mirar más…” de tanto buscar me dije a mí mismo “¿Por qué no buscas en Google?” En un blog, encontré escrituras de una mujer que había escrito sobre un hombre que siempre te ayuda, decidí buscarlo. Seguí leyendo y me pareció apropiado para la situación, pero en unos de sus comentarios decía “No, es pura mentira, ese hombre nunca me ayudo, cada vez que iba a las plazas me cagaban las palomas, se me reían”.
Oh…otra vez deje el loro en el lavadero, y otra vez volvieron las preguntas, ¿Por qué a mí nunca nadie me ayudo?, ¿Quién es ese Señor? Y ¿Por qué las palomas se reían de él…? Permanecí horas mirando la ventana y preguntándome todo, y por fin me di cuenta de mí teoría, como decía el cuñado de mi tío “Si nunca comiste papas, y la taza se te amarga no debes escupirle a las arañas por qué cuando menos te casen, más tarde el amor se abre”.
Ahora está todo completamente entendido…O tal vez no…
Continuara…
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